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Para acertar en el adecuado
maridaje entre el queso y el
vino, debemos seguir ciertas
pautas generales que nos
orienten hacia una adecuada
elección y nos proporcionen
una unión feliz. Los quesos
suaves, como el de burgos,
tan populares durante el
verano y en las dietas, se
complementa con los vinos
blancos ligeros o los
rosados, que hacen gala de
un intenso color y aroma
penetrante a hayas y
violetas. El italiano
conocido por el nombre de
Parmesano, vive una intensa
relación con los tintos
jóvenes, como el Lambrusco,
o con los blancos suaves.
Un auténtico idilio existe
entre el queso cheddar
suave, con el vino tinto
ligero y frutoso, con el
blanco y el cava. El queso
feta, que es muy popular en
Grecia a nivel doméstico,
casa con el vino tinto
ligero y blanco frutal. En
cuanto a la sabrosa torta
del Casar, le van las
relaciones más fuertes, los
tintos con cuerpo saben
potenciar sus virtudes.
El queso gruyere se
complementa con el vino
blanco semidulce, el brie
con el tinto, con el blanco
frutoso, o también puede
mantener una excepcional
relación con el cava o
cerveza liviana, al igual
que el cambermet.
Para los quesos azules
recomendamos consumirlos con
vinos blancos jóvenes y
secos y ácidos pero de
potente cuerpo y buen grado
alcohólico, e incluso un
espléndido vino espumoso
fresco, floral, con notas
afrutadas y finas burbujas,
cuya frescura liga y limpia
perfectamente la potencia de
los azules.
En general, los vinos
blancos, armonizan mejor con
el queso que los tintos. Los
rosados entonan muy bien con
quesos de pasta blanda o el
queso fresco. Los vinos muy
al gusto de hoy, con una
crianza seria, vinos
técnicos y fuertes, con
quesos ahumados y
aromáticos. El cava, los
espumosos casan mejor con
los quesos de corteza
enmohecida y de pasta
blanda. García Baquero posee
una amplia gama de quesos,
tierno, curado, de
oveja...cualquiera de ellos
puede protagonizar intensas
relaciones con el vino
adecuado.
Pero no todo es de color de
rosa, también existe
desavenencias en esta
pareja. Entre los vinos
tintos y los quesos azules
existe una cierta
incompatibilidad, cuando se
toman conjuntamente, el
queso potencia algunas
características de los vinos
(astringencia, “acético”,
“salino”) haciéndolas
desagradables y desvirtuando
su sabor.
Cada vino, como cada queso
tiene su media naranja, pero
hay que saber encontrarla.
Por eso, es necesario
conocer estas pautas, para
que la relación entre ellos
vaya sobre ruedas.
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